Entrevista a Heriberto Yépez en el marco de su participación dentro del Festival Internacional de Fotografía Tijuana

POR

NATALIA RIVERA

NOTA TOMADA DEL DIARIO LA JORNADA BAJA CALIFORNIA

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Tijuana, 11 de enero.- Si alguien volvió a situar a Tijuana en la narrativa de forma crítica, sin reservas y de cara a la realidad, fue Heriberto Yépez. En sus textos trasluce el entusiasmo por el aforismo, producto de su formación de filósofo y de un “promiscuo” amor por la literatura.

Yépez nació en Tijuana, trabajó en la maquila, en restaurantes y de guía de turistas –“todo tijuanense es un guía para forasteros”, afirma–; fue profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California y es autor de los librosTijuanalogías41 clósets y Al otro lado.

Es un escritor que emergió del fenómeno del blog, donde muchos leen sus textos. Tijuana psicoanalizada (2007) es ejemplo de ello, como sus primeras colaboraciones para el periódico Milenio, donde escribía la columna Archivo H, denunciaba el modus operandi de la política cultural y rescataba historias perdidas de las hemerotecas, aunadas a su crítica incisiva.

“La increíble hazaña de ser mexicano” es su libro sobre la mexicanidad, afincado en la tradición de Samuel Ramos y Octavio Paz. Un bestseller en 2010, año del bicentenario.

Yépez se coloca una mano en la cara y su mirada va de un lado a otro, marcando su proceso de pensamiento cuando habla de la realidad actual de los mexicanos, los símbolos culturales y cómo mediar la desesperación en este periodo, en términos de la sicohistoria, estudio que, confía, será una ciencia reconocida en el futuro.

–En “La increíble hazaña de ser mexicano” alude a una especie de mandato de infelicidad. ¿A quién sirve esa consigna?

–Ese libro lo escribí desde la sicoterapia; casi cuatro años me desempeñé como terapeuta. Es un texto terapéutico. El mandato a ser infeliz se transmite y reproduce en las familias; al reconstruir la historia, por ejemplo, de un paciente, encontramos que le había sido transmitido por su familia. Pero el proceso que detonó este fenómeno es social e histórico, puede rastrearse hasta la Colonia. El siglo XVI es clave: la estructura colonial se volvió estructura familiar, aunque en el siglo XX ya no es tan visible.

–Si un mandato inconsciente funciona estés despierto o dormido, ¿cómo sobrevive hasta nuestros días y cómo puede uno anteponerse?

–Sobrevive porque en las familias se trasmite de generación en generación la idea de cómo vivir, qué esperar de la vida, en qué posición social colocarte. Cada generación recrea y “borra” su pasado en un proceso por colocar ese mandato en el presente. ¿Cómo se sana?, la respuesta es única. Sanamos a través de un proceso individual de toma de conciencia de cómo reproducimos la infelicidad en nuestro modo de vida, en nuestro cuerpo.

“Es un trabajo personal, pero hasta ahí llega la terapia. Y como la causa no es individual, sino social, puede ser que un paciente mejore, que deje de sabotearse y de buscar la infelicidad inconscientemente. Al hacerse consciente de ello y a trabajar sobre sí misma, esa persona quizá tenga una mejoría notable, pero en la sociedad sigue igual, reproduciéndose.”

–¿Cómo vislumbra ese proceso histórico en la formación de los seres humanos?

–La formación de los individuos tiene mucho que ver con Estados Unidos, con estructuras laborales, con la familia y con el régimen mexicano que están esforzándose por mantener la ilusión de que seguimos siendo los mexicanos del siglo XX; es la imagen que nos trasmiten a través de Televisa, tratan de convencernos de que somos esos mexicanos.

–¿Con qué objetivo y para quién trabaja esta mecánica de reproducción social de las personas?

–Creo que trabaja para el inconsciente y es una forma de dominación. Los cuerpos mexicanos están en un conflicto de diferentes sistemas de dominación, lo podemos ver en cosas tan claras como las diferencias de definiciones: qué es el amor para Hollywood y la definición del amor en Televisa, y ambos evidentemente quieren mermar las fuerzas del individuo.

¿Cómo lo hacen?

–Pacificándolas. La cultura, creo yo, funciona como una especie de rendición. Su mensaje central es: debes rendirte.

–¿Puede ver este proceso desde la sicohistoria, como un proceso mental individual y global?

–Sí, y veo muchas cosas. Veo una negación a un levantamiento. Mucho de lo que sucede es un rechazo colectivo de un país, un continente, un planeta que sabe que debe transformar este sistema porque nos empobrece a todos; sin embargo, no se quiere hacer la revolución. Necesitamos una revolución, pero nuestros cuerpos no desean participar en ella, es un momento de contradicción. Hay muchos pobres, pero ¿cuántos están dispuestos a levantarse en armas? Muchos estamos dominados por los estadunidenses y eso afecta nuestra vida, pero ¿cuántos combatiríamos al Ejército?

-¿Cómo afecta la voluntad del individuo esta contradicción de poderes y del poder que parece no saber que tiene como colectivo?

-Como sociedad siempre lo que está pasando dentro de la casa está pasando en el planeta entero, son como órdenes, el orden individual, el orden global de alguna manera están unidos, esto se refleja, hay un reajuste de poderes mundial, evidentemente el poder norteamericano está en crisis, crisis de credibilidad, crisis económica, Rusia, China van a desafiar al poder norteamericano en las siguientes décadas, ya lo están haciendo, entonces hay una crisis de autoridad en general, no es el mejor momento del imperio norteamericano.

-¿Y el levantamiento del fascismo?

-Es como la resistencia.  Eso ya lo conocemos, el autoritarismo ya lo conocemos, el dominio de los varones ya lo conocemos, el dominio del hombre blanco ya lo conocemos, entonces es seguro. Y ante un mundo que necesita un cambio, una renovación es algo desconocido, lo conocido y lo familiar resulta atractivo para el miedo.

-¿Es la familia uno de los principales conflictos del individuo?

-Un filósofo alemán Theodor Adorno decía que “La familia es la célula reproductora del capitalismo” me gusta esa definición, no es la causa, pero es un vehículo muy importante para reproducir el modelo de dominación.

–¿En este panorama, qué representa el gobierno?

–Cada vez es menos importante ante las corporaciones. Si queremos entender quién tiene el poder, no es la Cámara de Diputados, no es Obama, no es Peña Nieto: son las multinacionales.

–¿Cómo ve el fenómeno del narco en nuestro país?

–El narco combina muchas cosas, es como una rebelión popular para decir que las maneras oficiales de adquirir bienestar no funcionan. Es una forma de sobrevivir y adquirir bienestar no a través de la educación, no en el Estado, ni en la burocracia, sino a través de esta iniciativa ciudadana violenta que es el narco y nos muestra que el mercado capitalista no funciona como dice funcionar. Tiene ese aspecto interesante y negativo: la violencia y el machismo. Esencialmente es una reinstalación del machismo, una cultura que a través del narco se reinstala, resiste y parece decir: ‘el orden patriarcal más violento vamos a reproducirlo’.

“Es un fenómeno complejo; no se puede definir en una sola dirección.”

¿Qué opinión le merece la polémica sobre el programa Tijuana Coqueta y la reacción de los tijuanenses?

–Quiero informarme más al respecto. Hay algo interesante al reconocer que la historia de Tijuana tiene que ver con la historia de la prostitución; dejar de ocultar que la ciudad vive del uso, más bien del abuso, del cuerpo de las mujeres. La campaña es muy misógina. El nombre Tijuana Coqueta es un eufemismo, como decir: “Tijuana puede ser usada sexualmente”. Más específico: “las mujeres en Tijuana pueden ser tratadas como objeto”, es extremadamente violento. Por parte del gobierno es un ultra cinismo, una misoginia institucionalizada. Es deseable que se abra una discusión fuerte acerca de la prostitución hoy y a través de la historia, porque Tijuana se ha construido en relación con el sexo; hay una historia y unos archivos que parece que no existieran.

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